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César Chinchilla | El Salvador
Nuevamente nos encontramos en una encrucijada en la política salvadoreña, el común de los salvadoreños nos movemos entre semejantes campañas mediáticas, entre los entretejidos que forman el poder verdadero en las calles de este país y en la sombra de la reproducción del poder oligárquico, a lo que el sistema político llama “elecciones”, - nunca hemos elegido nada y mucho menos a nadie-.
Nadie puede decir que la campaña no ha iniciado, los antagónicos están en la cancha, luchando palmo a palmo en esta vorágine de falacias que supone este sistema de libertades como le llaman los tecnócratas a este régimen mercantilista.
La necesidad de cambio es algo que atraviesa constantemente nuestras mentes, más cuando estamos en una de las situaciones más complejas en la historia de nuestro país: quebrados financieramente, plagados de actos de corrupción, con una economía sostenida a base de remesas, amenazados con deportaciones masivas, sumidos en una espiral de violencia más atroz que la misma guerra, la posguerra se convirtió en la pesadilla, la herencia nos cobró la factura y hoy estamos al “filo de la navaja”.
La acumulación de los regimenes constituidos después de la guerra, que supuso un nuevo orden en las esferas del poder, ha llegado al punto máximo, la razón aparece por parte del explotado, pero en la cabeza del explotador su tónica sigue siendo la acumulación de todo lo que genere bienes de cambio, pues allí esta situada la batalla real en los próximos años, no se trata de asistir a la urna a depositar el papelito que le ciña la nueva banda presidencial a un personaje, sea este de derecha o de izquierda.
Las batallas en las calles son la vida ahora, es el agua –vital para el ser humano-, es el trabajo –vendedores informales-, es la necesidad de comer, es la necesidad de estudiar, es la necesidad de que no me despidan, así se constituye el poder popular, esta inherente en esa necesidad de hacer cambios sustanciales reales y producidos desde muy abajo, desde donde realmente se siente la necesidad, no desde un escritorio, no desde la burocracia que sugiere ser parte del sistema que nos aplasta literalmente.
Nadie puede deslegitimar las intenciones de Mauricio Funes de optar por ser el futuro sucesor del presidente más volátil de la historia presidencialista de este país, el tipo solamente existe en las pantallas de los televisores, en las ondas radiales de las radiodifusoras y en cualquier medio de comunicación, eso es Tony Saca.
Mauricio Funes debió de entender ya que lo que se necesita en este país son cambios, entre más sustanciales mejor, para eso debe de contar con el apoyo real de la gente que debe de estar organizada y decidida a promulgar los cambios desde la incomodad de las calles, aquí quien piense que llegar al poder por la vía pacifica es por que el contrincante acepta las bondades de la tan “cacaraquiada” democracia, esta cometiendo un yerro inmenso, si la izquierda quiere llegar al poder debe de saber en primer lugar que el poder de la oligarquía es inmenso, su poder es la capacidad que tienen semejantes masas de dinero acumuladas en todo este tiempo, con las que pueden doblegar a cualquier “gobiernito” que no tenga raíces o dicho de otra forma que no haga un contrapeso real en tema del poder, de nada servirá que la izquierda triunfe si al final serán instrumentos de la oligarquía que ostenta el poder, por lo general los gobiernos de izquierda en la cancha de las democracias burguesas son perores que las mismas ultraderechas, para muestra tenemos al mismo Ignacio Lula Da Silva, Tavaré Vásquez y unos cuantos más que es mejor no mencionar.
Si de algo debería preocuparse el FMLN es de comenzar a construir verdaderas alianzas con las organizaciones sociales, no en estar pensando en que las bases son las que le impiden llegar al poder, si en otras ocasiones no han llegado a conquistar el poder ha sido por esa debilidad, precisamente, el acto de depositar la papeleta en la urna la elevan a una especie de “nivel divino”, con eso todo se arregla y los perdedores se quedan allá calladitos y replegados, eso es de cuentos, la oligarquía y su partido no van a permitir que eso pase, su aflicción de comenzar a mover todo su aparátaje mediático y estatal tiene que ver con el miedo que supone no controlar el ejecutivo, eso en su primer instancia, ya veremos las demás muy pronto.
Es el momento de construir el poder desde abajo, el trabajo esta muy avanzado, cada día se constituyen más organizaciones, se potencian otras y toman posición frente al poder y frente al sistema, eso es vital para que se construya el poder que se necesita para promulgar los cambios en este país, las elecciones deben ser nada más el acto que genere la conquista del poder, pero detrás debe estar el soporte para ejercer los verdaderos cambios, eso se debe comprender muy bien, el candidato es lo de menos, lo importante es ese entretejido social que poco a poco se esta construyendo en la complejidad de las calles de nuestro país.
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