viernes, 8 de junio de 2007

Editorial de Mauricio Funes


Programa Sin Censura Radio Cadena Mi Gente (700 M)

Poco antes que estallara la guerra civil en nuestro país, Monseñor Romero advertía a los sectores pudientes que había que compartir con los demás la riqueza generada y crear una estructura económico social más incluyente, que generara mayores oportunidades de desarrollo y crecimiento a las familias pobres del país.
El Salvador vivía por aquellos años tiempos difíciles.
Quienes tenían, además del poder económico, las riendas del estado, no tenían la visión suficiente para caer en la cuenta que había que cambiar de actitud.
Con frecuencia Monseñor Romero les advertía que “había que compartir para ser felices”
“...no idolatren sus riquezas, no las salven de manera que dejen morir de hambre a los demás...”, sentenciaba.
En una homilía del 6 de enero de 1980, el Obispo mártir recordó una expresión pintoresca de una cardenal brasileño, el cardenal Lorscheider:
“...hay que saber quitarse los anillos para que no les quiten los dedos...”
“...el que no quiere soltar los anillos se expone, a que le corten la mano... y el que no quiere dar por amor y por justicia social, se expone a que se lo arrebaten por la violencia...”
Este llamado profético a la oligarquía no fue debidamente atendido. La miopía y la codicia se impusieron al grado de condenar a todos los salvadoreños a doce años de intenso conflicto armado que nos ahogó en sangre.
Esta lección parece que continua sin aprenderse.
Una evaluación de medio término del cumplimiento de los Objetivos y Metas del Milenio realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano pone el acento en la llaga al advertir que no basta con crecer económicamente para superar la pobreza y alcanzar mayores niveles de bienestar económico y social.
De hecho la pobreza se ha reducido en el país, más por el impacto de las remesas familiares que por las políticas públicas emprendidas.
De no ser por las migraciones, dice el informe, la presión sobre el ingreso y el empleo habría sido mayor y lo más probable que el número de pobres en el país no se habría reducido.
En el caso del gasto social, las asignaciones en lugar de aumentar han disminuido. Hace unos años, el gobierno invertía más en educación y en salud que lo que invierte ahora.
Se trata de una verdadera paradoja. La propaganda habla de tres años de gobierno con sentido humano, y la verdad que es precisamente en estos tres años cuando menos recursos se han destinado al área social.
Según el Informe de Naciones Unidas, mientras en el año 2004 se destinaba al área social un poco más del 7 % del producto interno bruto (PIB), este año se esta destinando solo 5.8 % del PIB.
A partir del 2005, ya con el gobierno del Presidente Saca, las partidas presupuestarias destinadas al área social han disminuido en términos per cápita, como porcentaje del PIB y como porcentaje del gasto público total. En buenas cuentas, este gobierno ha venido invirtiendo cada vez menos recursos de los generados y de los captados por la tributación en educación y salud que cuando inició su mandato.
¿A dónde está, entonces, el sentido humano de la gestión Saca que tanto publicita el jefe de las comunicaciones de la presidencia y ex director de uno de los noticieros de la Telecorporación (TCS)?
¿Es humano destinar cada vez menos recursos del ahorro nacional a salud y educación?
¿Es humano reducir el presupuesto de los hospitales públicos en momentos en que enfrentan una carestía crónica de medicamentos y de infraestructura?
¿Es humano quemar más de 140 toneladas de medicamentos vencidos en el Seguro Social, cuando en varias Unidades de Salud no hay siquiera insulina para los pacientes de diabetes?
¿Es humano decirles a los jubilados que deben sobrevivir con la pensión mínima, con verdaderos ingresos de hambre, que no hay recursos para revalorizar sus pensiones?
Aún más... recientemente el Presidente Saca anunció que enviará a la Asamblea Legislativa para su aprobación un anteproyecto de ley que crearía el Fideicomiso para la educación, la paz social y la seguridad ciudadana.
Dice el mandatario que con este Fideicomiso se recogerían cerca de 350 millones de dólares que cubrirían los gastos que habrían sido financiados con prestamos internacionales si los diputados del FMLN hubieran dado sus votos para ello.
A pesar de los malabares jurídicos que están acostumbrados a realizar, el fideicomiso en cuestión, en tanto deuda pública contraída por el Estado, requiere para su aprobación de dos tercios de los Diputados de la Asamblea Legislativa.
Sin embargo, todo parece indicar que bajo el argumento de la necesidad social el gobierno saltará de nuevo el control legislativo y buscará aprobar este desaguisado con los votos de ARENA, su partido, y los del PCN, cuyo presidente ya dijo que acompañarán tal iniciativa.
La pregunta es: ¿en beneficio de quién? ¿ De los pobres?
Probablemente algo les llegará... ¿A quién se beneficia entonces?
Cuando se busca el endeudamiento irresponsable, ya sea a través de préstamos con la banca internacional, o mediante figuras sui generis como el fideicomiso, en el fondo el gobierno renuncia a la profundización de políticas redistributivas del ingreso que obligarían a los que toman una tajada mayor del pastel a contribuir con el desarrollo y bienestar de la mayoría de la población.
Desde hace ya varios años, diferentes investigaciones de organismos internacionales insisten que en El Salvador la brecha social, la desigualdad social, la diferencia entre ricos y pobres, cada vez es mayor.
Frente a este cuestionamiento, todos los funcionarios del gabinete económico, incluyendo al propio Presidente de la República, se hacen los desentendidos, como que si la situación no tuviera que ver con ellos.
En otra parte del informe que hoy comentamos, el PNUD recomienda “generar un amplio consenso nacional que de prioridad a las políticas necesarias para combatir la pobreza”
La verdad que sólo un pacto social que permita aumentar la carga tributaria, ampliando la base de los contribuyentes, pero sobre todo, que garantice el combate efectivo de la evasión y la elusión fiscal, es que el país contará con los recursos necesarios para reducir la brecha social, una de las más alarmantes de continente.
¡En El Salvador hay dinero..!
“...hoy hay mas que nunca...”, señala un reconocido economista en una entrevista concedida a un periódico local.
“...el problema es que el Estado no ha sido exitoso en vender la necesidad de invertir en paz social...”, comentaba.
Yo agregaría que el Estado, el gobierno, no ha sido exitoso en redistribuir el ingreso nacional, porque en el fondo no tiene voluntad de hacerlo.
Como decía Monseñor Romero hace más de 27 años: “todavía es tiempo de quitarse los anillos para que no les vayan a quitar la mano...” (homilía de 13 de enero de 1980).

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